El lado que pocos cuentan del embarazo
El embarazo suele describirse como un tiempo de alegría, plenitud y esperanza. Y claro, lo es. Pero para muchas mujeres, detrás de las sonrisas, hay noches de insomnio, pensamientos que no se detienen y un miedo silencioso que nadie parece entender.
La ansiedad durante el embarazo es una realidad mucho más común de lo que se cree, y no hablar de ella solo la hace más pesada.
La historia de Andrea: cuando la ansiedad ensombrece la ilusión
Andrea tenía 31 años cuando se enteró de que estaba embarazada de su primer hijo. Todos en su familia celebraban, las amigas le mandaban mensajes llenos de alegría y ella trataba de sonreír, pero por dentro sentía algo muy distinto.
Las primeras semanas fueron tranquilas, pero al llegar al segundo trimestre empezó a notarlo: un nudo constante en el pecho, pensamientos repetitivos como “¿y si algo le pasa al bebé?”, “¿y si no soy capaz de ser una buena madre?”.
Lo que comenzó como preocupación normal se convirtió en una tormenta diaria. Andrea pasaba horas leyendo foros en internet buscando “señales” de que algo podía salir mal. Cada pinchazo en el abdomen, cada dolor de espalda era motivo de alarma. Su corazón se aceleraba en la noche y apenas lograba dormir.
Una madrugada, después de otro episodio de palpitaciones, Andrea despertó a su esposo con lágrimas en los ojos y le dijo:
—“No puedo más… no quiero que mi bebé sienta mi miedo, pero no sé cómo detenerlo.”
Él, preocupado, la abrazó pero no sabía qué hacer. Andrea se sintió sola, culpable y con la idea de que estaba “arruinando” lo que debía ser el mejor momento de su vida.
Lo más duro fue cuando en una consulta de rutina, al escuchar el corazón del bebé, en lugar de emocionarse pensó: “¿Y si de pronto se detiene?”. Fue entonces cuando comprendió que su ansiedad no era simplemente “estar nerviosa”, era un peso que estaba consumiendo su bienestar.
¿Por qué la ansiedad durante el embarazo es tan común?
👉 Según el American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG, 2020), entre un 15% y 30% de las embarazadas experimentan ansiedad clínicamente significativa.
Los motivos son múltiples:
- Cambios hormonales: aumentos de progesterona y estrógenos influyen en neurotransmisores relacionados con el ánimo.
- Miedo al parto: el dolor, la salud del bebé o posibles complicaciones.
- Incertidumbre futura: ¿seré buena madre? ¿cómo cambiará mi vida, mi pareja, mi economía?
- Falta de apoyo: muchas sienten que deben cargar solas con sus miedos.
El problema es que, si no se atiende, esta ansiedad puede afectar no solo a la madre, sino también al bebé, incrementando riesgos de parto prematuro o bajo peso al nacer (Journal of Affective Disorders, 2018).
Estrategias para manejar la ansiedad en el embarazo
Lo que Andrea descubrió con ayuda profesional es que no estaba sola ni era “débil”: estaba pasando por un trastorno común y tratable. Estas son algunas de las estrategias que más le ayudaron:
1. Respiración consciente
Practicaba cada noche la técnica 4-7-8: inhalar 4 segundos, retener 7, exhalar 8.
Eso le devolvía calma al sistema nervioso.
2. Yoga prenatal y caminatas suaves
Con autorización médica, Andrea comenzó a moverse de forma ligera, lo que redujo su tensión física y mejoró su estado de ánimo.
3. Diario de pensamientos
En lugar de dejar que sus miedos se quedaran en la cabeza, los escribía y luego los contrastaba con pensamientos realistas.
4. Mindfulness
Dedicaba 10 minutos al día a ejercicios de atención plena. La ciencia respalda que esta práctica reduce ansiedad en embarazadas (Journal of Midwifery & Women’s Health, 2019).
5. Apoyo emocional
Aprendió a hablar sin culpa con su esposo y su madre sobre lo que sentía, en lugar de guardárselo todo.
6. Terapia psicológica breve
Con un especialista, Andrea encontró un espacio seguro para expresar sus temores y aprender técnicas efectivas.
La transformación de Andrea
Meses después, Andrea recordaba ese período con gratitud. No porque la ansiedad desapareciera mágicamente, sino porque aprendió a reconocerla y darle un lugar.
Me dijo en una charla:
—“El miedo no se fue de un día a otro, pero dejó de controlarme. Aprendí que podía abrazar mi embarazo con calma, aunque también hubiera incertidumbre. Lo más bonito fue cuando logré disfrutar los movimientos de mi bebé sin pensar en catástrofes, solo sintiéndolo presente.”
Cómo tu calma nutre a tu bebé

Una de las mayores preocupaciones de las futuras mamás es: “¿Mi ansiedad le está haciendo daño a mi bebé?”. Es importante hablar de esto con honestidad y sin culpas.
Cuando sentimos estrés crónico, el cuerpo libera cortisol. Si bien la placenta protege al bebé de muchas cosas, niveles muy altos y continuos de esta hormona pueden llegar a él. Pero aquí está la buena noticia:
No necesitas ser una “monje zen” las 24 horas. Estudios recientes sugieren que lo que más beneficia al desarrollo neurológico del bebé no es la ausencia total de estrés (eso es imposible), sino la capacidad de la madre para reparar y volver a la calma.
Cada vez que aplicas una técnica de respiración o te regalas un momento de relajación, estás enviando un baño de hormonas de la felicidad (oxitocina y endorfinas) a tu bebé. Estás enseñándole a su sistema nervioso, desde el útero, que el mundo es un lugar seguro. Tu calma es su primer alimento emocional.
Tu Paz es Su Mejor Cuna
Poner en práctica estas estrategias de yoga prenatal y respiración consciente es la mejor inversión que puedes hacer para tu parto y posparto. Escribir tus miedos o buscar apoyo te ayuda a liberar la presión mental. Sin embargo, si sientes que el miedo al futuro o a la maternidad te paraliza, y que a pesar de intentar relajarte, tu mente sigue bombardeándote con escenarios catastróficos, necesitas herramientas específicas para blindar tu mente durante esta etapa tan vulnerable.
“Te confieso que yo pasé gran parte de mi embarazo con culpa. Cada vez que lloraba o sentía pánico, me acariciaba la barriga y pedía perdón al bebé, pensando que lo estaba ‘contaminando’ con mis nervios.
Me decían: ‘Disfruta, es la mejor etapa’, y eso solo me hacía sentir peor y más defectuosa.
Hasta que entendí algo poderoso: No tengo que ser perfecta para ser la madre que mi hijo necesita, solo necesito estar regulada.
Dejé de luchar contra mis hormonas y empecé a trabajar con ellas. Encontré un sistema paso a paso que me enseñó a calmar mi ansiedad desde la raíz. Pasé de vivir con miedo al parto y a la crianza, a conectar con mi bebé desde la confianza y la serenidad. Recuperé la alegría de la espera.”
Regálate (y regálale) la tranquilidad que ambos merecen.
No dejes que el miedo te robe la magia de estos meses. Si estás lista para transformar la angustia en una conexión profunda y segura con tu maternidad, el siguiente paso es para ti.
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